UN HOMBRE Y ARTISTA MARAVILLOSO
Es a la vista un hombre de apariencia amable, rostro amigable y con brillo aún en los ojos que reflejan ya el peso de casi 78 años de vida sobre los parpados. Para él ser sencillo no significa dejar de lado sus logros y luchas, más bien lucirlas con modestia y aunque continuamente señala su presunta falta de cultura, su conversación lo contradice a cada palabra.
Conocido además de su importante trayectoria, por su larga carrera de docente en el ámbito del arte, Nicolás de la Torre Calderón, luego de más de seis décadas dedicado a la plástica, se hace acreedor al Premio Estatal de las Artes Eréndira 2009, un reconocimiento que lo convierte en una de las glorias vivas del arte en Michoacán.
Moreliano de nacimiento, De la Torre se desempeñó como maestro de artes plásticas en diferentes instituciones desde 1944 y durante su quehacer en la plástica y docencia ha sido fundador de talleres, escuelas, y concursos anuales, tales como el Salón Michoacano de la Acuarela.
Tras iniciarse como ayudante de carpintero, ebanista, pintor, escultor y luego experto en restauración de obras de arte, docente y conferencista, Nicolás de la Torre reconoció que en su trayecto las artes plásticas han sido para él un oficio que le permitió aprender al mismo tiempo de enseñar, para luego de retirarse de la docencia dedicarse completamente a la pintura, hasta ser catalogado entre los mejores diez acuarelistas de México.
“El compromiso de enseñar, me enseñó a mí, tuve que leer muchos libros, ver muchas obras de arte y eso me fue dando cada día mucha experiencia, luego respecto a las conferencias que me tocó dictar en muchos lugares, aprendía también, tenía que prepararlas y para mí eran enseñanzas”, señaló el pintor.
Padre de quince hijos y maestro de cientos de discípulos, algunos de ellos distinguidos en la plástica, como el escultor Luis Padilla Retana y el pintor Eugenio Altamirano, u otros como el presidente de la República, Felipe Calderón, o el que fuese candidato presidencial, Francisco Labastida Ochoa, De la Torre fungió como docente durante décadas en más de una veintena de escuelas en Michoacán y Sinaloa.
Desde sus inicios y hasta la fecha, su entusiasmo y actitud propositiva han hecho que su nombre sobresalga y destaque entre otros, así fue desde su juventud. “Allá por los años 40 me inicié en una carpintería, tenía entonces 16 años. En esos años muchos de los niños o ya jóvenes iban a los talleres a aprender algún oficio, y de entre once niños que eran en el taller, en poco tiempo me destaqué como aprendiz, y luego de cinco meses de estar trabajando ahí me preguntó el carpintero que si no quería estudiar dibujo, yo sabía que para poder trazar y diseñar una silla o una mesa tenía que dibujarla y me dijo que fuera a una escuela nocturna para trabajadores”.
Pasó el tiempo, y agregó: “Me salí de la carpintería y puse mi propio taller siendo todavía muy joven, entonces me doy cuenta de que abren de nuevo Bellas Artes, que había permanecido por mucho tiempo cerrada, y como yo ya no iba al taller aquel, me escribí para seguir aprendiéndole al dibujo, sin saber el futuro que me esperaba, ya ahí no sólo era dibujo, sino también pintura, ya era otra cosa y me quedé ahí a estudiar”.
Al tercer año de la carrera en artes plásticas, recibe la plaza de maestro ayudante y dos años después la de profesor titular, como lo fuese alguna vez Alfredo Zalce, al pasar el tiempo viaja a Sinaloa para enseñar durante cinco años en un par de escuelas y regresa luego a Morelia.
“Al regresar sabía que quería ser pintor, pero no había trabajo ni se vendían los cuadros, entonces puse un taller abierto al público, empecé a vender obra, a hacer exposiciones y mi carrera de profesor se incrementó muchísimo, al grado de no poder cubrir las clases en todas las escuelas que querían mis servicios, tengo alumnos que son mucho mejores que yo, que tienen fama internacional.
“Me dedique toda mi vida a ser profesor y pintaba, y aquí entre nos, todos mis cuadros son chiquitos porque no tenía tiempo de hacer obras grandes, al grado de que a las 6:00 de la mañana entraba y regresaba a las 10:30 de la noche, iba de una escuela a otra y así hubo años que olvidé a mi familia en todo el día, trabajaba en 18 escuelas, y hasta usé motocicleta para llegar más rápido. Entonces me hice miniaturista porque sólo enseñándoles a mis alumnos podía pintar, pero cuando ya me jubilé dejé todas las enseñanzas, me dediqué a pintar”.
Es destacado como uno de los diez mejores acuarelistas del país, entre los cuales figuran nombres como el también moreliano Joaquín Martínez Navarrete, considerado por De la Torre como el mejor acuarelista de México y quien durante sus años de estudiante lo inspiró a crear el Salón Michoacano de la Acuarela, hasta ahora el máximo certamen en el estado con relación a esa técnica.
Nicolás de la Torre Calderón es moreliano de nacimiento, ha sido impulsor y cofundador de grupos de actividades artísticas, como lo son: Instituto Michoacano de Arte, Asociación de Artistas de la Plástica Michoacana, Academia Nacional de la Cultura del Magisterio, entre otras, pionero de las exposiciones al aire libre, creador del Salón Michoacano de la Acuarela.
Parte de su currículum se encuentra plasmado en el Diccionario Enciclopédico de la Pintura Mexicana “Siglo XX Quinientos Años” Editores, S.A. México, y cuenta con un lugar de honor en la Galería de los Maestros Distinguidos de la Biblioteca Francisco J. Múgica de Morelia.
Su obra artística, que ha incursionado por la escultura, pintura al óleo, acrílicos y por supuesto acuarela, ha sido expuesta en diversos foros nacionales como el Polifórum Siqueiros en la capital del país, Guadalajara, Querétaro, San Luis Potosí y en San Miguel de Allende, Guanajuato. En el extranjero en Madrid, Barcelona, Toledo, Linares, en Italia, Hong Kong, Paquistán, Canadá, Estados Unidos de Norte América, Argentina, Rumania, Brasil, Nicaragua, entre otras.